Tuesday, July 25, 2006

En las entrañas de la Tierra
Cuando entres a la cueva no vas a ver tu mano ni porque la tengas a dos centímetros de la cara y vas a sentir los murciélagos aunque no puedas verlos, me dijo Alejandro con ojos de entusiasmo. El pánico era más fuerte que mi voluntad. Sin embargo, entré. Era cierto: no veía nada. Tenía miedo. Me aferraba con fuerza a la mano de Paula, que me estaba guíando. Me aferraba también a su voz, sobre todo a eso, a la sensación de que no estaba sola aunque así lo sintiera. No sabía en qué momento podría golpearme la cabeza contra el techo de la cueva, entonces doblaba hasta más no poder la espalda y las rodillas. Me dolía todo. Alcancé a llorar del dolor pero seguí avanzando y cuando no podía más empecé a gatear. Percibí que mis manos estaban embarradas aunque no pudiera verlas. Nunca había sentido tanta angustia e impotencia al mismo tiempo.
Cuando al fin llegué, se me entrecortó la voz tratando de responderle a Alejandro como estaba. Pero no importa Mari, ya llegaste, me dijo. Me cogió de la mano y aunque no viera nada, sentía que él me estaba protegiendo. Me sentó en el suelo. Yo tenía los zapatos inundados. Estaba inundada hasta los huesos. Miraba para todos lados. Abría y cerraba los ojos pero daba exactamente lo mismo. Cuando ya estaba acostumbrada a la oscuridad, empecé a llorar. El sentirme completamente perdida y sola me daba un vacío que me drenaba el alma, como si cada cosa que me hacía fuerte, que me hacía presente se estuviera esfumando.
No es el miedo a la oscuridad exterior, pensé mirando a mi alrrededor; es el miedo a la oscuridad interior lo que siento. Si las luces se apagan, uno tiene ojos para darse cuenta. Pero si el alma se apaga, uno puede seguir andando así no esté viviendo. Irradien luz, nos decían mientras a mi me aterraba sólo dudar si por dentro tengo o no tengo luz para irradiar. Entonces qué hago al imaginar la posibilidad de que por los últimos 16 años y medio me haya hecho daño, me haya subestimado, me haya encargado de que mi vida sea justamente lo que yo no quiero que sea. De qué me serviría tener cosas buenas si fuera invisible, si nadie las notara nunca. El problema estaría (o está, eso todavía no lo tengo claro) en mí.
¿Y ahora cómo hago para ser luz? ¿Podré lograrlo algún día?
Hubo una reflexión muy bonita donde todos dijimos por qué queremos ser luz mientras prendimos cada uno una vela. Desde que se prendió la primera vela, cambió completamente el sentimiento general. Ya nadie estaba solo. Había 100 personas sentadas juntas en un cueva, conectadas espiritualmente por el deseo compartido de ser luz.
Yo por ejemplo, dije que prendía esa vela por mi hermano, por que lo adoro y me va a hacer mucha falta. Eso es cierto, aunque hubo algo que yo quería decir y no dije porque sonaba demasiado tonto: yo prendo esta vela por el simple hecho de prender una vela. Eso es justamente lo que sentía. Yo quiero ser luz, sólo para poder ser luz, es decir, para darme a los demás completamente, para iluminarme e iluminar cuando es necesario notar las cosas que son importantes y no dejar de darles prioridad, para no dejarme engañar cuando el camino más fácil se disfraza de correcto, para lo que sirve una luz: para ver. Pero la luz que quiero prender es para ver siempre claro con los ojos del alma.
Después de la reflexión, Alejandro me sacó de la cueva. Yo nunca me había sentido demasiado cercana a él, pero en ese momento, algo me transmitía que lo hacía con cariño, era una conexión nueva, diferente a la cotidianidad, una seguridad que se transmitía directamente de una persona a otra. Por una vez en la vida, me dejé ayudar, me sentí segura aún estando indefensa.

Sunday, July 23, 2006

Carta para El Sabio
Un sabio no es alguien que tenga muchos conocimientos aunque tu los tengas todos. Un sabio es alguien que sabe. Saber es más que conocer, es vivir lo que se conoce. Sin embargo, no es sólo saber cosas concretas, es entender la vida. Es estar más allá de tantos errores que las personas cometemos y estamos condenadas a repetir sin darnos cuento porque corremos en círculo.
Un sabio en cambio, camina pausado pero en línea recta. No se deja afectar por el afán de la vida moderna. Sabe que lo que hay es tiempo cuando las cosas se hacen con cuidado. Sabe que lo que hay es éxito cuando las cosas se hacen con amor.
Un sabio no es alguien que habla mucho para mostrar sus conocimientos y llamar la atención. Aunque los demás sepan menos que él, está dispuesto a esucharlos, a discutir con ellos de igual a igual. Un sabios gasta su tiempo conversando con una niña de 16 años que no entiende nada.
Cada vez que un sabio habla, le da a todos una lección de vida. Dice cosas simples pera tan profundas que le cambia la vida a los que lo oyen, les toca el alma, les muestra algo sobre ellos mismos que ni ellos habían visto. Le enseña como es el hombre, como es la vida. Lo más bonito de todo es que no necesita hablar para enseñar cosas. Enseña con su vida, con su presencia. Se hace notar sin decir una palabra, se hace sentir y extrañar porque irradia luz.
Gracias por haberme enseñado un millón de cosas. Gracias porque con tu presencia me has convertido en una mejor persona, en una más completa. Te quiero mucho. Para mí tu no eres un sabio, para mí tu eres El Sabio.

Friday, July 21, 2006

Remolino de sueños
Un remolino de sueños me mueve por dentro.
Miles de ilusiones que giran con el viento
me sacuden, se estrellan con las paredes de mi cuerpo.
Un puñado de caras, unos cuantos recuerdos
vuelan veloces también en el remolino de sueños
donde orbitan con fuerza un par de abrazos sinceros,
reparadores te quiero que auyentan la tristeza,
las manos de un ángel, un sabio y un hermano
que se extienden hacia mi como siempre lo han estado
y le hacen compañía a algunas nuevas manos.
Tengo tantos sueños que siento que reviento.
Estoy hinchada de pasión, de hacer las cosas con esfuerzo,
de ponerles corazón, de meterles sentimiento.
Tengo las ganas de luchar hasta el cuello.
Me invade el deseo de creer que puedo.
Voy a intentar lo imposible.
Voy a soñar en grande.
Pues sin un sueño gigante
no sé para qué se vive.
De amor construiré mi sueño.
También de los poemas que escribo cuando me desvelo.
Mi sueño olerá a canela, a clavo y a flores frescas.
Sabrá a chocolate dulce con almendras.
Parecerá un atardecer después de la tormenta.
Se oirá como las olas estallando contra la arena.
Admito que sueño despierta.
Acepto que mi alma tiembla,
que se mueven los cimientos de la tierra,
que el remolino me llena,
que tengo un sueño muy loco,
tanto que vale la pena.

Friday, June 23, 2006



Solo quería felicitar a la graduanda porque eso de graduarse del Colegio Los Nogales es mucho mérito. Igual, terminas una etapa muy importante de tu vida pero empiezas otra, una que sé que te gozarás muchísimo. Ya te veré yo, toda importante, toda filósofa. Ya veré que cuando te llame estarás tomando una clase de metafísica o de lógica en la Nacional mientras yo seguiré encerrada en el salón de Alex. Pero cuando eso pase, me alegraré infinitamente por ti. Me alegraré porque estaré segura de que estás haciendo lo que te gusta, de que estás aprovechando ese potencial inmenso tuyo, esa inteligencia que tanto admiro y ese carisma, esa solidaridad para convertirte en una gran filósofa, no digo en una gran persona porque eso ya lo eres juli. No te deseo suerte porque no la necesitas, tu ya tienes todo para lograr lo que quieras. Por eso, me sentaré aquí a esperar, a estar siempre lista para acompañarte en tus muchos éxitos. Te adoro mi graduanda hermosa, me vas a hacer mucha falta.

Monday, June 19, 2006

Dado que mi trágico fin de semana causó bastante gracia, aunque a mi no me encante la idea de recordarlo, he aquí algunas cosas claves, por si se quieren reir otro rato.

  1. La lora loca que sólo hacía 3 cosas: reirse como desquisiada, gritar ¡Viva el Partido Liberal! y ¡Lorita quiere cacao! Cabe resaltar que estos desagradables y agudos ruidos nunca paraban, incluidas altas horas de la noche (después pregunten por qué no pude dormir). Además, la lora llamada Rebeca no estaba en una jaula como es debido sino que revoloteaba libre por la casa por eso existía la alta probabilidad de que en una visita nocturana al baño uno oyera que algo le revoloteaba cerca y luego un par de vivas al partido liberal en el oído.
  2. La avioneta enclenque en la que me tocó viajar que se sacudía violentamente como si fuera a caerse en cualquier momento con sacudidas y vacíos bastante peligrosos pero tranquilis que sólo enfrentamos un ligera turbulencia decía el piloto.
  3. La visita al cementerio que ya la describí en el post anterior
  4. El calor infernal y mis largas horas parada en frente del ventilador sin lograr dejar de sentir un calor insoportable.
  5. No comí nada durante el fin de semana, porque los platos que me sevían eran bastante "peculiares" y después que mi tío gordo le dijera todo el tiempo a mi papá, esa hija suya está enferma o por qué no come, hagale que eso es salud.
  6. Mi abuela no tenía ni idea quien era yo entonces estuvo todo el fin de semana tratando de que sacaran a esa "muchachita" de su casa.
  7. Mi abuela además no oía nada entonces gritaba incoherencias como ¡Alfoncito si me tiraba los teteros en la cara! Lo peor de todo es que como ella no oye entonces nunca notó el daño psicológico que su lora estaba ocasionando en todos nosostros.
  8. La vieja sin cejas que me apretó la cara como por un minuto y después dijo "Esta tiene hasta cara bonita, lástima que sea morena, ya está arruinada"
  9. El hecho de que nadie en el pueblo supiera que es una coca-cola y mucho menos light.
  10. Tener que andar en una patruya de policía porque no había más carros en todo el pueblo y además que toda la gente se asomara a las ventanas sólo para gritar ¡Ahí va el doctor!
  11. Los dos platos soperos de agua de panela más pan, 3 tamales, morcilla, chunchullo y otras partes de los animales que ni sabía que existía que todo el mundo veía como un desayuno simple.
  12. Descubrí una prima que es idéntica a mí solo que con 40 kilos más
  13. Que todos pensaran que yo tengo problemas por estar leyendo y le dijeran a mi papá en secreto tratando de que yo no me diera cuenta "Alfoncito, ya mandó revisar a esa niña, mire que por allá leyendo en vez de conversar con nosostros. Apuesto a que ni siquiera sabe como cuidar un burro."
  14. Las explosiones que sonaban a cada rato, especialmente de noche y que nunca logré saber que las causaba. Mi papá me quería hacer creer que eran sólo carros pasando.
  15. Las serenatas periódicas de rancheras que le llevaban a mi papá personas que él no tenía idea quienes eran a altas horas de la noche y yo tratando de neutalizarla oyendo un poco de jazz con audífonos. Lo que pasa es que fue duro eso de tapar la voz de gallo del mariachi.
  16. El borracho como de 60 años que estuvo todo el tiempo afuera de la casa amenazando al policía con romperle la cabeza con una botella de vidrio y gritando cada tanto ¡Alfonso Gómez, papi, aquí está tu hijo perdido!
  17. Las filas interminables de señoras en la puerta de la casa esperando pedirle un favor a mi papá.
  18. Lo llena que estaba la casa todo el tiempo y los tíos que parecían como cavernícolas tratando de hacerme comer quién sabe que cosa y hablando en su dialecto que quien sabe que dicían sobre mí.
  19. La mesedora que me pusieron para que leyera en la terraza se desfondó y me pegué bastante duro
  20. En fin, un fin de semana maravilloso, qué bonitos recuerdos.

La última lágrima
Al sentir un olor a chorizos asados desde el cemnterio, me volteo para ver de donde viene. Para mi sorpresa, es de un bar que queda justo en frente al cementerio llamado "La última lágrima." Trato de salir del cemnterio, primero veo a una señora que tiene unos jeans como tres tallas màs pequeños, una camisa amarilla y mucho maquillaje que parece corrido por las lágrimas. Todavía conserva el rojo encendido de los labios aunque toda ella está desgastada, acabada. Tiene el pelo recogido y una capul con volumen que uno podría pensar que tiene vida propia. Sus ojos están hinchados, rojos. Buenas tardes doctor, que milagro que viene por acá, le dice a mi papá mientras trata de enderesarse un poco.
¡Piedra, papel o tijera! gritan dos niñas al mismo tiempo. Le gané, no me venga a decir ahora que no va explorar esa tumba, así habíamos quedado. La más pequña mira a la que parece su hermana con ojos de pánico, sale corriendo y se pierde de mi vista entre el cementerio. Cuando salgo del cementerio, entro al bar a comprar un poco de agua. El nombre del bar está bajo un aviso de coca-cola. Lo primero que veo es un señor sentado en una mesa de afuera. Está vestido como un campesino típico: todo de blanco, incluyendo el sombrero con un machete colgando de la cintura. Mira sin mirar. Tiene los ojos fijos en el horizonte, como viendo algo que ya no es de este mundo. Parece una estatua. Apenas se mueve para tomar un trago de la botella de aguardiente que tiene sobre la mesa.
En la mesa de al lado, hay un grupo de cinco mujeres tomando y ríendo. La que está hablando me llama la atención. Lleva el pelo suelto, aretes largos y una camisa verde tan escotada que permite ver la rosa que tiene tatuada en el pecho. Para mi sorpresa, al lado de ella está sentada la mujer de camisa amarilla, pero ahora luce feliz. ¡Pero préndame la rocola, que al fin me libré del imbécil de mi marido! le grita al cantinero justo antes de tomar un trago de aguardiente. El cantinero obedece y empieza a sonar un ranchera mal sintonizada, cosa que alegra bastante a las demás señoras de la mesa.
Dentro del bar no hay casi nada: el cantinero que además vende galletas de queso, un par de mesas y una vieja máquina de casino. Hay un borracho tirado en el piso. Se acerca al policía que va con mi papá y le dice: lléveme a la cárcel que por lo menos allá puedo dormir. Me enteré despué que era el sepluturero.
Ya la gente le tiene cariño al bar que contrdictotiamente es uno de los más alegres de pueblo. Antes de salir oigo a un señor que le grita a un amigo ¡No se preucupe que si se muere mi compadre aquí venimos y le lloramos una última lágrima!

Friday, June 09, 2006


A falta de amor: chocolate
Este es el último de la caja enorme que encontró en su casa. Tiene en el centro una almendra, rodeado de chocolate suave con un poco de canela como decoración. Se lo acerca a la boca despacio, sentada en la esquina más alejada de su cuarto, a oscuras. Es Domingo y son las 5 de la tarde. Ni siquiera se ha bañado. Lleva así todo el día, en la misma esquina con las cortinas cerradas, comiendo un chocolate tras otro, llorando, pero no desesperadamente, sus lágrimas brotan despacio, sin afán, como si las fuera a saborear poco a poco, igual que a cada uno de sus chocolates. Tal vez, los usa para amortiguar el sabor amargo de las lágrimas…

Su pelo es como una masa enorme: cada rizo vuela libre por su lado. Está despeinada, fea. Tiene puesta una sudadera vieja que cuando era vanidosa no se hubiera perdonado ni mirar ¡Pero a quién le importa! Al final está sola, no la va a ver nadie. Que importa si no tiene el blower, si no usa esas camisas descotadas y faldas largas que llevaba siempre, si no huele a flores frescas, si sus labios no brillan, si no tiene tacones ni joyas, que importa que sea fea, si para nadie hace diferencia.

Mira de nuevo el chocolate que tiene en la mano; siente como un par de lágrimas se deslizan traviesas por su cara. Luego, mil recuerdos al tiempo pasan por su mente, después una imagen repetitiva, una y otra vez, no la deja en paz. Ve de nuevo esa tarde lluviosa. Los dos estaban empapados hasta los huesos. No pudieron encontrar un lugar donde protegerse de la lluvia, y como ya estabam tan mojados que no podían mojarse más, se tomaron de la mano y empezaron a correr, hacia ninguna parte, hacia donde fuera, daba igual mientras estuvieran juntos. Ella no recuerda por cuanto tiempo corrieron pero por estar a su lado el tiempo no importaba. Sentía que él era todo para ella, que mientras estuviera en sus brazos estaría segura de cualquier peligro, mientras sintiera el calor de su mano apretando la suya el frío de afuera no importaba.

De pronto se detuvieron en seco. La miró a los ojos. Le dio un abrazo. Y después, se fue sin dar ninguna explicación, sin mirar atrás, sin despedirse. Sólo avanzaba hacia delante y cada paso que se alejaba de ella, ella sentía alejarse un poco más su esperanza. Mientas algo de él se iba, algo de ella lo seguía. Y así se fue volviendo pedazos, hasta que estaba tan fragmentada que ni ella misma se reconocía. Empezó a sentir un frío intenso, profundo, como si fuera un frío incurable de abandono. Se sentó en la acera. Tenía el pelo realmente mojado, lo tocaba y sentía como el agua escurría a chorros. Después la primera lágrima rodó por su cara pero trató de convencerse a sí misma de que era una gota más de lluvia de todas las que habían caído. Mucho tiempo más tarde, cuando aceptó que estaba llorando, que estaba llorando de amor, se levantó de donde estaba sentada y empezó a caminar hacia su casa. Cuando llegó, no le importó ni secarse, ni cambiarse de ropa, solo sentarse en una esquina a seguir llorando. Se quedó dormida, y cuando se despertó fue a buscar la caja de chocolates que había guardado en el closet hace mucho tiempo cuando se la regalaron pero no había comido porque no quería romper su dieta.

Ahora tenía en sus manos el último de los chocolates. Lo miró de nuevo, se lo llevó a la boca despacio. El sabor era dulce, suave, cremoso, era el sabor perfecto para aliviar el alma. Lo masticó muy despacio. Lo disfrutó lentamente. Cuando sólo quedaba la almendra hizo lo mismo. Ese fue su último chocolate.

No se dio cuenta en qué momento alguien entró a su cuarto, avanzando con pasos callados para no ser descubierto. Igual, ella estaba muy concentrada comiendo chocolate. Pero cuando lo terminó, levantó la vista. Alguien estaba sentado en su cama, observándola sin que lo hubiera notado. Ya llevava un buen rato ahí, sólo mirándola de arriba abajo, analizándola, pero más que eso, admirándola, recordándola, amándola sobre todo. Cuando lo miró a los ojos, los reconoció inmediatamente.

Estás muy bonita, más que nunca, le dijo.

Tuesday, June 06, 2006

Ahí estamos. No estamos todas las que somos ni tampoco somos las que fuimos. Ahora ya ni siquiera sé si todavía somos, o más bien son, o soy yo sola. Recuerdo los muchos pero lejanos momentos que vivimos juntas y los recientes que viví sin ellas. Los primeros parecen como recuerdos difuminados, pero más que eso, sueños de esos tan reales que cuando uno se despierta los convierte en recuerdos. Los segundos, más que recuerdos son realidades, cosas tan cotidianas que como pasaron ayer, pasarán mañana entonces no hace gran diferencia recordarlos.

Y bueno, que pasa cuando volvemos a vernos pero no nos vemos, vemos a otras porque no somos las mismas. Entonces, como saber si caos es caos vestida de negro con esos mechones rojos-anarnajados, si cata es catita como mi hermano la llamaba hace unos años cuando ya ni habla como hablaba ella, si nati es nati, la chiquita del curso o si ya creció sin que yo me diera cuanta, si cata es cata, mi compañera de juegos de infancia con sus nuevo corte de pelo, mechón en la cara y piercing en la nariz. ¿Cómo lograr reconocerlas a ellas, aceptar que son las de los recuerdos que veo en las noches si no puedo ni reconocerme a mí misma y aceptar que soy la de los recuerdos archivados de una niña que jugaba con muñecas?

Yo soy tan distinta, he aprendido tanto, he cambiado tanto, he madurado tanto, he descubierto tantas cosas y desechado otras que hasta se podría decir que ya no soy yo. Y ellas ni se diga, parecen personas completamente diferentes a mis compañeras de curso, con nuevos intereses, nuevas prioridades, nuevas formas de hablar y de vestir y hasta mucho más altas. También podría decirse que ellas no son ellas. Sin embargo, por un motivo extraño, fuera de lo racional, llamémolo corazón o cotidianidad recordada, nos reconocimos, hablamos aunque no hubiera tema, nos escuchamos como lo hacíamos siempre, pero por primera vez lo que cada una decía era realmente extraño, impredecible y nuevo para las otras. Entonces, tal vez sí queda algo de mí en mí y algo de ellas en ellas para pudieramos por unas horas viajar en una cápsula del tiempo y tratar de revivir el pasado muerto. O tal vez no queda nada, tal vez es simplemente afecto.

Monday, May 29, 2006

Y ahora tendremos Uribe pa´rato

Bueno, ayer el candidato presidente Álvaro Uribe ganó la releelección con un ámplio márgen de votación. Esto demuestra definitivamente que como he oido decir tantas veces, los pueblos se merecen a sus gobernantes. La verdad estoy un poco triste con lo sucedido. Tengo que confesar que en el fondo guardaba una esperanza de que al menos hubiera segunda vuelta. Pero realmente esto fue anunciado, por más esperanza que tuviera, las posibilidades reales casi no existían.

No sé ni siquiera por qué estoy escribiendo esto, como si hiciera alguna diferencia, como si a alguien le importara. Tal vez, es un último intento de quejarme, de hacer algo. Pero en realidad es solamente un deseo deseperado de liberar con algo ese sentimiento de impotencia que tengo, esas ganas de gritar, de tener el poder de cambiar, esa rabia, esa indignación, esa conciencia de que por más que quiera y por más que trabaje por vivir en un país mejor, no es suficiente conmigo, no está en mis manos.

¿Y ahora qué hago? Tal vez, como me lo dijo alguna de mis amigas, lo sano es que actúe como alguien de mi edad, que le de la espalda a la política, eso a quién le importa, eso no es para los jóvenes. Como me dijo mi amiga, dejémosle la política a los políticos, ellos son los que saben. ¿Y qué si yo pienso que no saben? O por lo menos, la gente que los elige no sabe. ¿Sigo dando la espalda? ¿Me preocupo por conseguir un vestido bonito para el prom? Definuitivamente eso es lo que debería hacer, teniendo en cuenta que no puedo hacer nada más pero es que mi terquedad no me lo permite.

¿Entonces qué? ¿Sigo pensando y pensando, dándole vueltas al asunto una y otra vez así no haya nada que hacer al respecto? En realidad no sé, no tengo respuesta para ninguna de estas preguntas, sólo tengo cada vez más preguntas sin respuesta.

Friday, May 26, 2006

Para poder ser querida

Para poder ser querida
Haría todo lo que fuera necesario.
Perdería esos kilos que me sobran.
Trataría de ser bonita, me alisaría el pelo:
No volvería a ver nunca mis salvajes crespos.

Para poder ser querida
Me vestiría como todos
Usaría siempre jeans y camiseta
No esas faldas gitanas de colores brillantes
O los collares gigantes
Que parecen de otro planeta.

Para poder ser querida
Me volvería una persona realista.
Pensaría en cosas importantes
En vez de leer poesía.

Para poder ser querida
Sería una persona normal,
Pensaría como hay que pensar
Diría lo que hay que decir,
Iría a donde todos van.

Para poder ser querida
Estudiaría matemáticas
Pensaría en los negocios
En algo útil que hacer con mi vida
Botaría a la basura las mil libretas que tengo
Llenas de de poemas, de sueños y de cuentos.

Para poder ser querida
Dejaría de soñar con cosas imposibles
Aceptaría que los príncipes azules no existen,
Dejaría mi obsesión con los cuentos de hadas
Entendería que la vida es dura
Que el amor perfecto de las princesas encantadas
No tiene lugar en este mundo globalizado
Donde las fantasías son de tontos, perdedores o escritores
Donde los sueños que se realizan
Son de un olvidado, legendario pasado.
Donde los sueños son sólo sueños
Tan intrascendentes que es inútil hasta soñarlos.

Y los versos no son ni versos
Están perdidos en la memoria.
Para poder ser querida
Dejaría de cortar flores, de mirar atardeceres

Para poder ser querida
Haría todas estas cosas
Y tal vez, sería querida
Pero en realidad nunca lo sería
Porque ya no sería yo.
¿Dónde está la franja amarilla?
fragmento del ensayo de William Ospina

Yo sueño un país que esté unido física y espiritualmente con los demás países de la América del Sur. Que un grupo de jóvenes venezolanos o colombianos pueda tomar el tren en Caracas o en Bogotá y viajar, si así lo quieren, hasta los confines de Buenos Aires. En un mundo donde se hacen autopistas de isla en isla, no ha de ser imposible tender ese camino de unidad entre naciones hermanas. Yo sueño un país que cuando hable de desarrollo hable de desarrollo para todos, y no a expensas del planeta sino pensando también en el mundo que habitarán las generaciones futuras; que cuando hable de industria nacional sepa recordar, como Gaitán, que industria son por igual los empresarios, los trabajadores y los consumidores. Yo sueño un país consciente de sus tierras, de sus árboles, de sus mares y de sus criaturas, donde hablar de economía sea hablar de cómo vive el último de los hijos de la república. Yo sueño un país donde sea imposible que haya gentes durmiendo bajo los puentes o comiendo basuras en las calles. Yo sueño un país cuya moneda pueda mostrarse y negociarse en cualquier lugar del planeta. Yo sueño un país que gane medallas en los Juegos Olímpicos. Yo sueño un país de pueblos y ciudades hermosos y dignos, donde los que tengan más sientan el orgullo y la tranquilidad de saber que los otros viven dignamente. Yo sueño un país inteligente, es decir, un país donde cada quien sepa que todos necesitamos de todos, que la noche nos puede sorprender en cualquier parte, que el carro se nos puede varar en las altas carreteras solitarias, y que por ello es bueno que nos esforcemos por sembrar amistad y no resentimiento. Yo sueño un país donde un indio pueda no sólo ser indio con orgullo, sino que superando esta época en que se lo quiere educar en los errores de la civilización europea aprendamos con respeto su saber profundo de armonía con el cosmos y de conservación de la naturaleza. Yo sueño un país donde tantos talentosos artistas, músicos y danzantes, actores y poetas, pintores y contadores de historias, dejen de ser figuras pintorescas y marginales, y se conviertan en voceros orgullosos de una nación, en los creadores de sus tradiciones. Todo eso sólo requiere la apasionada y festiva construcción de vínculos sinceros y valerosos. Y hay una pregunta que nos está haciendo la historia: ahora que el rojo y el azul han dejado de ser un camino, ¿dónde está la franja amarilla?