Jazz
como si no nos bastara con la vida
existe un jazz
que desarticula el tiempo y el espacio:
enlaza los segundos en el aire
hace figuras con ellos y los vuelve mariposas
decide que hoy va antes que ayer
¿y a quién le pesa el pasado
mientras oye un saxofón?
acaba también con los cuartos
clausurados
abre para siempre nuestras puertas y ventanas
y podemos escondernos
más allá de cualquier límite
y podemos escaparnos si queremos
o volar para encontrar
un nuevo tipo de caja de Pandora
o el cofre donde el viento guarda sus secretos
como si no nos bastara con la muerte
existe un jazz
que reinventa el silencio
cuando calla
Wednesday, December 17, 2008
Thursday, December 11, 2008
que el mundo es bello
todavía
que las estrellas siguen allá afuera
que el infinito se desliza
sobre las cumbres de las montañas
y salta de una a otra
anónimo
perdido en la noche espesa
trepando a las copas de los árboles
observado sólo
por las estrellas impasibles:
testigos desde siempre y para siempre
en una paz enorme por eterna
reveladora por tanto silencio
por tantos secretos
por tantos abismos
y por tan pocas palabras
Afortunados aquellos
que no tienen palabras
para lamentar sus desastres cotidianos
sus tragedias de peso
sus desgracias de alfiler
que los amarran como cuerdas
y son su prisión improvisada
Afortunados
afortunados los que se arman de silencio
para ver más allá de sus ventanas
Wednesday, November 12, 2008
A contra tiempo
Se nos acaba el tiempo, amor
y es que ya casi amanece.
Las horas se nos evaporan en las manos.
Los minutos nos miran altivos y arrogantes
y nos retan.
Nos retan a perseguirlos y atraparlos
antes de que se escapen,
nos retan a dejar de ser cobardes mientras podemos
o quizás no nos retan a nada
(qué les importamos tú y yo a ellos:
minutos indiferentes,
sólidos e impenetrables,
fríos y tan ausentes)
casi tan ausentes como nosotros
cuando en silencio
viajamos a la tierra donde habitan
nuestras palabras cautivas.
En un silencio contenido desviamos la mirada
y jugamos a los desconocidos, a los extraños.
Estamos jugando con fuego.
Se nos acaba el tiempo, amor
y no decimos nada.
Tal vez un día volvamos a vernos.
Saturday, October 25, 2008
De Fantasmas
Deja de escudriñar los rincones.
Deja de intentar saquear los escondites.
Todos estaban vacíos antes que tú.
Deja de perseguir al amor
como a una sombra en los pasillos.
Debe ser un fantasma que inventaste alguna vez.
Déjalo atravesar las puertas
y escaparse más allá de ti.
Déjalo irse a buscar a los que no creen en él.
Tú, en cambio,
resígnate a que tu fe ha de matarte.
Aprende a vivir con tu soledad a cuestas.
Adóptala como tu segunda sombra,
como tu eterna compañera.
Deja que te pise los pasos.
Cree ciegamente en ella
o, de una vez por todas,
deja de creer en los fantasmas.
Friday, October 10, 2008
Credo
Creo en ti
como creo en el silencio
como creo en el recuerdo que se esconde
debajo de mi cama
como creo en el secreto que me espera
al otro lado de la luna
como creo en el final del arcoiris y en la Atlántida
Creo en ti
como creo que dejaré de caer un día
después de tantos años
Creo en ti porque creo
en el fondo de este abismo
Yo creo en ti
y no creo en el olvido
Wednesday, October 08, 2008
De soledades
Ya conocía yo
esta soledad que viene a buscarme.
Ya la había visto en alguna parte.
Ya la conocía:
es mi compañera de siempre
disfrazada de habitante de otras tierras.
A mí no me engaña.
Oigo el ritmo de esos pasos y sé
que es el de los que me persiguieron
por los pasillos de mi infancia,
el de los fueron mi sombra hasta hoy
y lo siguen siendo.
Yo no creo en soledades nuevas.
Friday, September 19, 2008
Conjuro
Te nombro
con unas gotas de tinta invisible
Te nombro
con papeles desparramados por el suelo
Te nombro
garabateando letras en la penumbra
Te nombro
sin poder nombrarte
escribiendo que te nombro
Escribo que te nombro
y hago de estos versos un conjuro
y los repito en voz alta
hasta invocarte
o traer al menos tu fantasma
o tu imagen ilusoria
fragmentada.
Por un esbozo de ti
me convierto en hechicera
Wednesday, September 03, 2008
El mejor momento del día
Si me paraba sobre una silla, alcanzaba a asomarme por la ventana de mi cuarto para ver cómo el cielo empezaba a cambiar de colores. Cuando el sol se dibujaba a lo lejos como una pelota naranja y las nubes empezaban a ponerse rojas, yo sabía que había comenzado el espectáculo.
Me quedaba embrujada mirando por la ventana. Este era casi el mejor momento del día: era mejor que la hora de jugar a las muñecas e incluso mejor que la hora del postre. Intentaba no perder de vista al sol para seguir el movimiento que habría de llevarlo a desaparecer detrás de las montañas. A veces me distraía y me daba rabia descubrir que el sol se había deslizado un poco sin que me diera cuenta.
Cuando el sol terminaba de esconderse, esperaba ansiosamente la aparición de la primera estrella para pedir un deseo como mi mamá me había enseñado. Incluso después del deseo, no era hora todavía. Tenía que esperar a que desaparecieran los últimos rayones rojos del cielo y a que se prendieran las luces de la calle.
Apenas se encendía el poste de luz de la esquina de abajo, saltaba de la silla y corría hasta la puerta de la casa. Me acostaba de lado junto a la puerta y me acomodaba para poder ver por debajo de ella.
Esperaba. A veces el tiempo de espera parecía larguísimo, sobre todo cuando había jugado mucho y estaba tan cansada que tenía que esforzarme para no quedarme dormida en esa posición. No pasaba nada. De pronto, veía esos dos grandes zapatos de charol negro. Al fin. Me paraba de un salto mientras oía el repicar de las llaves que se estrellaban contra los objetos cuando él intentaba sacarlas del fondo de su bolsillo. Ya conocía de memoria ese sonido.
Antes de que él encontrara las llaves, yo estaba lista: tenía los brazos levantados para que él me alzara apenas entrara. El mejor momento del día se acercaba. Había llegado mi papá.
Sunday, August 24, 2008
Un poema para nadie
Voy a escribir un poema que pueda quedarse en el aire
o golpear el cristal de cualquier ventana
o perseguir en secreto a algún extraño
o buscar un morral dónde esconderse
o hacerse pasar por una postal
prisionera entre las páginas de un libro
o doblarse en el fondo de un bolsillo
y sentarse a esperar ser encontrado
por alguien que tenga espacio para un poema solitario.
Voy a escribir un poema para nadie.
Voy a escribir un poema que pueda quedarse en el aire
o golpear el cristal de cualquier ventana
o perseguir en secreto a algún extraño
o buscar un morral dónde esconderse
o hacerse pasar por una postal
prisionera entre las páginas de un libro
o doblarse en el fondo de un bolsillo
y sentarse a esperar ser encontrado
por alguien que tenga espacio para un poema solitario.
Voy a escribir un poema para nadie.
Thursday, August 07, 2008
Visitante
Te recuerdo
en un insomnio cualquiera de mis tantos.
Recorres mis rincones de memoria
como los de una casa vieja y conocida.
Ya sabes a dónde te llevan los pasillos.
Ya sabes dónde está la tabla rota
y no vas a caerte cuando pases.
Ya sabes qué hay detrás de cada puerta
y aún así las abres
y pones cara de sorpresa
al encontrarte con los mismos muebles,
con los mismos espacios caóticos,
con la decoración extravagante y distraída,
con mis palabras de siempre.
Llegas a esta casa vieja
y caminas
con pasos más firmes que los míos.
Yo todavía me tropiezo con la tabla.
Para mí los pasillos se entrelazan
en un laberinto.
Yo voy por ahí abriendo puertas
sin saber qué hay al otro lado
y cada umbral que atravieso
es un pequeño salto al vacío.
Soy yo la extranjera en esta casa.
Recorres mis rincones de memoria
como los de una casa vieja y conocida.
Ya sabes a dónde te llevan los pasillos.
Ya sabes dónde está la tabla rota
y no vas a caerte cuando pases.
Ya sabes qué hay detrás de cada puerta
y aún así las abres
y pones cara de sorpresa
al encontrarte con los mismos muebles,
con los mismos espacios caóticos,
con la decoración extravagante y distraída,
con mis palabras de siempre.
Llegas a esta casa vieja
y caminas
con pasos más firmes que los míos.
Yo todavía me tropiezo con la tabla.
Para mí los pasillos se entrelazan
en un laberinto.
Yo voy por ahí abriendo puertas
sin saber qué hay al otro lado
y cada umbral que atravieso
es un pequeño salto al vacío.
Soy yo la extranjera en esta casa.
Sunday, April 06, 2008
Tuesday, April 01, 2008
Monday, March 31, 2008
Coleccionista
Para matar el tiempo
me dedico a coleccionar instantes tuyos.
Los persigo como si fueran mariposas.
Tejo redes de excusas tontas
y los atrapo.
Cuando he reunido unos cuantos,
los guardo en un frasco.
Lleno uno y otro
y otro.
Los frascos los acomodo con cuidado
en un estante
y los miro cada tanto
y me pierdo en ellos
y te busco en ellos.
Así te voy armando con fragmentos.
Así voy reuniendo instantes tuyos.
Así es que te estoy coleccionando:
y voy a completarte un día de estos.
me dedico a coleccionar instantes tuyos.
Los persigo como si fueran mariposas.
Tejo redes de excusas tontas
y los atrapo.
Cuando he reunido unos cuantos,
los guardo en un frasco.
Lleno uno y otro
y otro.
Los frascos los acomodo con cuidado
en un estante
y los miro cada tanto
y me pierdo en ellos
y te busco en ellos.
Así te voy armando con fragmentos.
Así voy reuniendo instantes tuyos.
Así es que te estoy coleccionando:
y voy a completarte un día de estos.
Thursday, March 27, 2008
Retazos
Yo soy un fragmento
de alguno de mis sueños.
Yo soy la tinta que me unta los dedos.
Yo soy esa palabra
atravesada
que no dije nunca.
Yo soy una pista camuflada
en alguno de mis versos.
Yo soy una esperanza que se escapa,
aferrada a mi cometa,
volando con el viento.
Yo soy el fantasma
que custodia este secreto:
Yo no soy esto ni aquello.
Yo no soy yo.
Yo soy una colcha de retazos
bordada a mano por mi tiempo.
Casa vacía
Llego.
Y la casa vacía.
Otra vez.
De nuevo esa soledad,
ese silencio
que ya me está invadiendo
y me estoy volviendo yo silencio
y me estoy volviendo yo ausencia
y me estoy volviendo yo recuerdo.
Abro la puerta
y me transformo en el recuerdo
de cuando a esta casa todavía
no se la había tragado
el vacío.
Zapatos viejos
Aquí siguen después de tanto tiempo.
Ellos, los de siempre.
Ellos que se volvieron
el silencioso estruendo de mis pasos,
los nobles testigos de mis días.
Me han acompañado tanto
mis zapatos
que ya ni siquiera recuerdo
dónde termino yo
y dónde empiezan ellos.
Ese límite lo borró nuestro secreto:
la complicidad forjada por los años
Veo estos zapatos y recuerdo
el camino que ellos mismos me inventaron,
los lugares que pisaron para mí,
el destino que me regalaron.
Miro atrás queriendo repasarme
y no encuentro más
que un montón de recovecos del azar
y la presencia incesante
de mis zapatos viejos.
Ellos, los de siempre.
Ellos que se volvieron
el silencioso estruendo de mis pasos,
los nobles testigos de mis días.
Me han acompañado tanto
mis zapatos
que ya ni siquiera recuerdo
dónde termino yo
y dónde empiezan ellos.
Ese límite lo borró nuestro secreto:
la complicidad forjada por los años
Veo estos zapatos y recuerdo
el camino que ellos mismos me inventaron,
los lugares que pisaron para mí,
el destino que me regalaron.
Miro atrás queriendo repasarme
y no encuentro más
que un montón de recovecos del azar
y la presencia incesante
de mis zapatos viejos.
Wednesday, February 20, 2008
ARTIFICIO
Si quieres ser profundo
recurre al artificio.
Busca lo sofisticado,
lo enredado,
lo absurdo.
Saca provecho de tu vocabulario
privilegiado.
Pocos como tú lo tienen.
Eres un literato.
Si sigues estos pasos,
escribirás
un poema elogiado.
Admirarán al poeta.
Cómo habrá logrado
esa imagen tan compleja.
¡Qué maestro!
Pero si no quieres ser poeta,
Si solo quieres decir algo,
dilo sin artificio.
Sencillo.
recurre al artificio.
Busca lo sofisticado,
lo enredado,
lo absurdo.
Saca provecho de tu vocabulario
privilegiado.
Pocos como tú lo tienen.
Eres un literato.
Si sigues estos pasos,
escribirás
un poema elogiado.
Admirarán al poeta.
Cómo habrá logrado
esa imagen tan compleja.
¡Qué maestro!
Pero si no quieres ser poeta,
Si solo quieres decir algo,
dilo sin artificio.
Sencillo.
Mapa de Paris
Ese mapa de Paris que hace poco
era más importante que mis ojos
está ahora por ahí,
perdido en el fondo
de algún cajón.
Lo miro con nostalgia.
Recorro con el dedo
mi ruta cotidiana.
Toco las calles
y ya no puedo caminarlas.
Rue Dante para clase.
Montparnasse para cine.
Saint-Michel para los jardines.
Grenelle para el Sena.
Quai Voltaire para el Pont des Arts.
Y así podría seguir siempre.
Cada calle
ahora ausente
es un personaje
de algún cuento de esos días
que transcurrían
como si en vez de tiempo
ordinario
contuvieran minutos de otras
vidas inventadas.
Monday, February 04, 2008
Monday, November 05, 2007
Concierto
Ella tocó su violín hasta las últimas consecuencias,
Hasta dónde quiso su alma,
Hasta esfumar los límites de sus dedos
Para unificarse con la música,
Hasta que ya no cabía más pasión en esas cuerdas.
Ella se entregó completamente.
Cerró los ojos.
Se dejó transportar a otro cielo,
A uno bajo el que podía soñar sus sueños.
Él, sentado en una silla, junto a ella, la miraba
Mientras tocaba un acordeón acompañándola
Como si él mismo respirara
Al abrir y cerrar el acordeón,
Al apretar los botones,
Al llevar el compás con el pie,
Al perderse en esa melodía olvidada.
Ellos tocaron hasta que no hubo nada,
Hasta mitificar una esquina cualquiera
De una ciudad extraviada
Para después dejarla como estaba.
Ellos tocaron hasta dónde los llevó la vida.
Y se fueron.
Sunday, September 30, 2007
Colección de llaves
Detrás de la vitrina hay todo tipo de llaves. Pequeñas, grandes, de hierro, de oro. Algunas, incluso, habría que sostenerlas con las dos manos.
Ver tantas llaves me hace pensar a la vez en la idea del secreto y en la del descubrimiento. Hay algo inaccesible. Hay una curiosidad casi morbosa. Pero basta tener la llave para que el secreto se transforme en recuerdo. Solo con tener la llave, ese secreto se fusiona con el carácter de su poseedor y empieza a buscar su esencia para desde ese escondite, hacerlo único en el mundo.
Entonces es suficiente tener la llave. Todos los que tuvieron esas llaves fueron alguna vez únicos.
Tal vez, en el universo de todas y cada una de las personas hay una colección de llaves.
Soledades
Temo a la soledad
pero no tanto
como temo a la Soledad.
Temo a la soledad
de estar sola
pero no tanto
como a la soledad
de no acompañarme,
de no entender el lenguaje
de mi alma.
Temo a la soledad
de no tener con quien hablar
pero no tanto
como a la Soledad
de no escucharme,
de no conversar con mi intuición,
de dejarme ir
al dejar ir mi voz.
Sé que si a veces
no estoy sola,
voy a estar siempre Sola.
Por eso a fin de alejar
mis soledades
persigo momentos
en los que me pierda y me encuentre.
Me escapo por un tiempo
a algún lugar secreto
dónde no llegue nadie,
dónde solo a mí
se me ocurra buscarme.
pero no tanto
como temo a la Soledad.
Temo a la soledad
de estar sola
pero no tanto
como a la soledad
de no acompañarme,
de no entender el lenguaje
de mi alma.
Temo a la soledad
de no tener con quien hablar
pero no tanto
como a la Soledad
de no escucharme,
de no conversar con mi intuición,
de dejarme ir
al dejar ir mi voz.
Sé que si a veces
no estoy sola,
voy a estar siempre Sola.
Por eso a fin de alejar
mis soledades
persigo momentos
en los que me pierda y me encuentre.
Me escapo por un tiempo
a algún lugar secreto
dónde no llegue nadie,
dónde solo a mí
se me ocurra buscarme.
Septiembre se va con la lluvia
Septiembre se va con la lluvia.
Se aleja caminando despacio
Mientras le pide a la lluvia que le cubra la espalda,
Mientras la deja aquí para reemplazarlo.
Septiembre se va sin apurarse pero sin mirar atrás
Sin dudar un segundo sus pasos,
Sin tambalearse al andar.
Septiembre se va sabiendo que se va para siempre.
Antes de él hubo muchos
Y después de él vendrán muchos más
Pero este septiembre no vuelve.
Éste se despide.
Se desvanece.
Septiembre se va y deja a su paso un viento helado.
Y soledad.
Y silencio.
Septiembre se va con la lluvia.
Se aleja caminando despacio
Mientras le pide a la lluvia que le cubra la espalda,
Mientras la deja aquí para reemplazarlo.
Septiembre se va sin apurarse pero sin mirar atrás
Sin dudar un segundo sus pasos,
Sin tambalearse al andar.
Septiembre se va sabiendo que se va para siempre.
Antes de él hubo muchos
Y después de él vendrán muchos más
Pero este septiembre no vuelve.
Éste se despide.
Se desvanece.
Septiembre se va y deja a su paso un viento helado.
Y soledad.
Y silencio.
Septiembre se va con la lluvia.
Septiembre
Quisiera encadenar a septiembre
para que no se me escape.
Quisiera guardar para siempre
sus días soleados,
su otoño apenas asomado.
Ojalá no se fuera septiembre.
Ojalá no me abandonara.
Ojalá yo pudiera mirarlo
y pedirle que se quedara.
Pero sobre todo,
decirle que me explicara,
cómo disfrutar sus días,
cómo no atormentarme
con el tic tac de sus pasos,
como huir de todo y de todos
para buscar a septiembre
y quedarme sola entre sus brazos.
Aprendiz de testigo
¿Qué esconderán las estrellas?
¿Por qué no puedo evitar deslumbrarme al mirarlas?
¿Por qué me siento tan tonta
al tratar de descifrarlas?
Será porque soy aprendiz de testigo.
En cambio ellas manejan el oficio
con la maestría del que ha practicado,
del que con los años ya no teme equivocarse
y trabaja con una mano atada
o con los ojos cerrados.
Yo, en cambio,
tengo la vacilación del inexperto,
del que torpemente
trata de respetar una técnica
que todavía no conoce,
de la que apenas percibe la silueta
y aún así se arriesga
a dibujarla entre las sombras
pero la mano le tiembla
al sospechar que la esencia
se le escapa.
El maestro
es el que logra desbaratar la técnica.
La reta.
La mira a los ojos
como diciéndole que no le tiene miedo.
Y es cierto.
No le teme porque de tanto adivinarla
ha conseguido verla de frente.
Bajo la luz adecuada,
él logra descifrar su misterio.
Ya conoce su punto débil.
Ya sabe como matarla.
Entonces yo puedo seguir diciendo
que para ser un testigo
hay que conquistar el silencio.
o tal vez, hay que perderse a sí mismo
en una especie de sueño.
O mejor: hay que estar más despierto que nunca
pero sin futuro ni recuerdos.
No importa.
Da lo mismo.
Las estrellas llevan siglos en su oficio.
Nunca seré como ellas
pero puede que mejore un poco al mirarlas.
Puede que incluso llegue
a intentar imitarlas.
Si me empeño lo suficiente,
si las miro con la atención
del que no entiende,
con la sorpresa del que no conoce,
con la avidez del que aprende,
tal vez me admitan entre ellas,
accedan a enseñarme
y me dejen ser su aprendiz de testigo.
En vez de ser una aprendiz cualquiera,
yo quisiera ser aprendiz de las estrellas.
Yo sé que llevo siglos sin poner nada en este blog pero he escrito demasiado últimamente. El problema es que la perspectiva de todo lo que tendría que pasar para tener todo en orden y al día me asusta entonces no empiezo. Por eso, decidí que si quiero desatrasar este blog algún día, lo mejor que puedo hacer es empezar a poner cosas de a poquitos y al azar. Por eso, perdonarán que vayan apareceiendo cosas sin orden aparente y que realmente no esté aquí todo lo que quisiera pero es lo único que se me ocurre para asignarle un destino a este blog y que no se muera con mi estadía en Paris.
Monday, June 18, 2007
Saturday, June 16, 2007
Camina
Camina. Camina hacia delante y no olvides nunca que todo pasa y todo llega. Recuerda que mientras no te rindas llegará el momento en que el tiempo empiece a trabajar de tu lado, en que ya no quieras contar las horas para que corran sino estancarlas, pedirles que te dejen exprimir cada segundo, cada posibilidad que guardan. Ya vendrá el momento en que persigas tus horas en vez de que ellas te persigan a ti.
Después de tanto caminar, llegarás a un punto en el que el camino se haga más ancho y menos tortuoso, en el que no tengas que mirar al suelo para evitar caerte sino que puedas disfrutar una vista de árboles y pájaros bajo la luz del atardecer. Ese día levantarás los ojos con admiración hacia la belleza que te rodea, hacia la placidez y plenitud que contiene el aire que respiras. Ese día entenderás que toda tu existencia, que todos y cada uno de los días que has vivido no eran más que una cadena de contribuciones para que llegara este momento, para que todos los caminos del mundo se cruzaran solo para que tú los recorrieras todos al tiempo y a la vez no recorrieras ninguno.
Ese día también entenderás que todas las etapas por las que has pasado, todos los obstáculos que has tenido que saltar y los problemas que has enfrentado, lo que has sufrido, lo que has aprendido, lo que has evolucionado, lo que has cambiado hasta el punto de no reconocerte en el espejo era simplemente el proceso que tenías que atravesar para convertirte en la persona que eres ahora: una persona fuerte y valiente, una persona sensible pero no tonta, que se esfuerza cada día por ver lo importante y que ahora sí está lista para aprender. En realidad, el camino empieza aquí.
Ese día ya llegó. Es hoy.
Después de tanto caminar, llegarás a un punto en el que el camino se haga más ancho y menos tortuoso, en el que no tengas que mirar al suelo para evitar caerte sino que puedas disfrutar una vista de árboles y pájaros bajo la luz del atardecer. Ese día levantarás los ojos con admiración hacia la belleza que te rodea, hacia la placidez y plenitud que contiene el aire que respiras. Ese día entenderás que toda tu existencia, que todos y cada uno de los días que has vivido no eran más que una cadena de contribuciones para que llegara este momento, para que todos los caminos del mundo se cruzaran solo para que tú los recorrieras todos al tiempo y a la vez no recorrieras ninguno.
Ese día también entenderás que todas las etapas por las que has pasado, todos los obstáculos que has tenido que saltar y los problemas que has enfrentado, lo que has sufrido, lo que has aprendido, lo que has evolucionado, lo que has cambiado hasta el punto de no reconocerte en el espejo era simplemente el proceso que tenías que atravesar para convertirte en la persona que eres ahora: una persona fuerte y valiente, una persona sensible pero no tonta, que se esfuerza cada día por ver lo importante y que ahora sí está lista para aprender. En realidad, el camino empieza aquí.
Ese día ya llegó. Es hoy.
Wednesday, June 13, 2007
Café del Sol
Entro a Café del Sol y no quisiera volver a salir nunca,
Quisiera quedarme sola con mis nostalgias,
A la luz de las velas,
Acogida por la penumbra,
Al calor de la música
Que me recuerda mis historias y las historias que he inventado,
Al calor de los sueños que soñé
Y también de los cuentos que alguna vez me contaron.
Quisiera quedarme aquí,
Protegida por la certeza de no ser nadie,
De poder sentarme a tomar un café
Y leer para escaparme,
Y no responder preguntas
Y no oír voces conocidas
Y saber que nadie sabe dónde estoy
y que tampoco van a buscarme.
Nada como la certeza de haber escapado del mundo por un rato,
De haber escapado de lo que tengo que ser,
De las cosas que debo decir o lo que debo pensar,
De las conversaciones monótonas,
De las preguntas y respuestas predecibles,
De las ganas de salir corriendo para no regresar,
De mí misma.
Nada me tranquiliza tanto como dejar de ser María
Y ser una niña cualquiera que sale de un recital de poesía y tango,
Cruza la calle,
Entra a Café del Sol
Y pide un capuccino
Que se toma despacio
Mientras lee un libro viejo de algún escritor cubano,
Levanta los ojos de vez en cuando
Para tomar otro sorbo,
Mirar hacia todos lados y hacia ninguna parte,
Observar las botellas
Cuidadosamente acomodadas en un estante bajo la luz roja,
Mirar después el letrero de Café del Sol,
Volver los ojos al capuccino
Para que desemboquen en el libro otra vez.
Quisiera que Café del Sol se volviera mi universo,
Quisiera que el mundo entero se redijera a un espacio alargado,
No más de cuatro metros cuadrados y un pasillo,
Cinco mesas acomodadas al azar,
Una vela en cada una,
Unos espejos sin propósito aparente,
Varias botellas repartidas en las paredes,
Y algunas personas conversando en las mesas,
Otras con los ojos fijos más allá del horizonte,
Otras ojeando libros o escribiendo cartas,
Otras tarareando la música de fondo.
¿Por qué había de necesitar el mundo algo más que eso?
¿Para qué aumentar las posibilidades cuando en éste café está el número perfecto?
Son muchas pero no demasiadas para dejar entrar el miedo.
Son suficientes para sentirme libre
Pero no tantas para sentirme atrapada al descubrir que todo es posible
Pero yo no elijo nada.
Cada vez que entro a Café del Sol,
Tengo el impulso de quedarme ahí para siempre.
Siento que el tiempo no corre,
Que cada instante es eterno,
Que no hay motivos para apurarse
Y todo fluye.
Entonces algo de Café del Sol y miro el reloj.
He estado ahí veinte minutos.
Pero ya nací otra vez.
Ya puedo volver a ser yo.
Ya puedo volver a vivir después de haberme abandonado un rato
Mientras una niña desconocida se tomaba un café.
Monday, May 21, 2007
El polémico discurso de asamblea
En este colegio hay personas que usan la palabra “comunista” de manera despectiva, como un insulto. Hablo con todo el conocimiento de causa porque más de una vez se han referido a mí como “la comunista esa.”
Para saber qué me estaban diciendo, busqué en el diccionario. Comunista: Relativo al comunismo, partidario de este sistema. Comunismo: Sistema de organización político-social que propaga la abolición de la propiedad privada y el establecimiento de la comunidad de bienes. No sé si esta definición sea tenida en cuenta al calificar a alguien de comunista o si esta palabra haya cobrado un significado nuevo que yo no conocía.
Antes de viajar a Cuba, yo no tenía ni idea de lo que es ese país, de la magnitud de su cultura. La información que uno recibe está filtrada a través de la concepción del mundo de los que se la transmiten.
Han querido que crezcamos con la idea de que el comunismo es el demonio. Por supuesto, está claro que el demonio cambia de cara con el último grito de la moda. Antes, el demonio era comunista, de pelo largo, tal vez usaba una boina negra. El demonio también llegó a ser Escobar o Noriega. Ahora esos ya pasaron de moda, lo último en demonios es más bien árabe, con turbante en la cabeza y todo. Quién sabe si mañana nos despertemos con un demonio de ojos rasgados. También sucede que el demonio cambia de cara de acuerdo al lugar donde uno se encuentre. En La Habana por ejemplo, las pancartas que hay en cada esquina sobre el caso de Posada Carriles nos dicen que el demonio es Bush.
Nos han dicho que los cubanos están mal, que viven en la miseria, que el comunismo es un parásito para las sociedades sanas. Nos han dicho que para los cubanos salir del país es muy difícil porque el gobierno no quiere que vean otras opciones. Eso puede ser cierto pero no nos han dicho que para los ciudadanos americanos es ilegal ir a Cuba, tanto que al que le encuentren entre sus cosas una prueba de haber ido a Cuba, según me contó James, debe pagar diez mil dólares de multa. ¿No es eso también una forma de limitar la libertad? ¿No es una forma de impedir que los americanos se hagan su propia idea de los que es Cuba, que descubran por ellos mismos si en verdad es el infierno? ¿A qué le tienen miedo? En todo caso es cierto que muchos cubanos se quieren ir. Pero también es cierto que aquí en Colombia hay miles de balseros haciendo fila desde temprano en las embajadas de Estados Unidos y España para ver si se escapan ¿de qué? ¿De la falta de oportunidades?
Mi excursión de 11 no fue igual a la de mis compañeros porque yo decidí quedarme unos días más en La Habana para conocerla a fondo. Me quedé en casa de dos cubanas, amigas de una amiga de mi mamá, una de ellas profesora de literatura y su hija estudiante de derecho en La Universidad de La Habana. Haber estado con ellas no solo me mostró qué tan hospitalarias y tan cálidas pueden llegar a ser las personas sino que me dio una noción muy distinta del país, la que se gana estando en las entrañas de la cotidianidad misma de un lugar.
Ante todo, llegué sintiendo una profunda admiración por los cubanos. Me impresionó la vida cultural tan grande que tiene La Habana. Los libros son increíblemente baratos y por eso la gente lee mucho. En La Habana Vieja hay más de 20 museos y la entrada es casi gratis para los cubanos. En cada barrio hay un parque para los niños. Ir a la ópera en el Gran Teatro de La Habana que es tan elegante como el Teatro Colón de Bogotá no cuesta más de medio dólar. Todo el mundo tiene acceso a la cultura. Además la educación es totalmente gratis. Cualquier persona puede inscribirse a una carrera y tiene derecho completarla. No solo eso, también hay programas especiales para personas jubiladas que decidan estudiar otra carrera.
Esto lo aprendí cuando Idania, la dueña de casa, proveniente de una familia rica que lo perdió todo con la Revolución, me decía con lágrimas en los ojos que ella no tenía como pagar la alegría de saber que si ella estuviera enferma sus hijos igual podrían tener educación y salud y que si el hecho de que ella viviera justo con lo necesario contribuía a que otras madres tuvieran esa certeza, ella estaba orgullosa de hacerlo. También me contó que a su papá lo tuvieron 3 meses en coma en un hospital de La Habana. Él no tenía posibilidades de salvarse pero siempre hubo médicos pendientes de él y a ella no le cobraron un centavo ¿cuánto tendría que pagar un colombiano por eso?
Fue enorme la admiración por los cubanos que me produjo ver que han logrado que una isla de 11 millones de habitantes, bloqueada económicamente tenga la posibilidad de garantizar la alimentación, la salud y la educación de todos, por supuesto con limitaciones, viviendo exactamente con lo indispensable. Sin embargo, prueban que si se puede, que hay más de una opción. En cambio aquí, con todos los recursos que tenemos hay mucha gente que está mal de verdad y no tiene satisfechas sus necesidades básicas mientras nuestro gobierno se gasta la mayoría del capital en una guerra en la que la única ganadora es la muerte. Una cosa es tener la suerte de ser privilegiado como la tenemos nosotros y otra cosa muy distinta es ser uno de tantos colombianos que se levanta cada mañana sin estar seguro si va a poder desayunar o no, o uno de esos niños que tiene que trabajar porque no puede conseguir cupo en una escuela, o una de esas tantas personas que se mueren en las puertas de los hospitales porque el seguro no les cubre su enfermedad y como no pueden pagar, los médicos no las atienden. Es verdad: los cubanos no tienen Coca-Cola (aunque producen una gaseosa nacional llamada Tu Kola), no tienen Mc Donalds, no tienen grandes centros comerciales para pasar la tarde vitrineando, tampoco tienen nada que les sobre, tienen que privarse de muchas cosas y su libertad está bastante limitada.
Yo no sé cuál es la fórmula mágica para manejar un Estado pero sí se que los seres humanos tienen que ser la prioridad. Para la tranquilidad de muchas buenas conciencias no soy comunista porque desconfío de cualquier sistema que limite la libertad. Me parece que las personas tienen derecho a elegir el camino de su vida, a trabajar y ganarse privilegios, a mejorar sus condiciones a partir de su esfuerzo, a viajar y conocer otros mundos si así lo desean. Pero desconfío igualmente de los sistemas que no le den prioridad a la gente, que permitan que las personas se mueran de hambre, que no estén en igualdad de condiciones. En todo caso, la falta de oportunidades es otra forma de violentar la libertad porque una persona que no tiene educación ni salud no tiene muchas opciones para decidir qué hacer con su vida a parte de sobrevivir. Para que exista la libertad hay que tener unas garantías básicas, un punto de partida desde el que esa libertad se pueda ejercer. Por eso, tampoco estoy de acuerdo con el capitalismo desbordado porque limita la libertad en esta forma y también permite las injusticias.
Me adhiero al Papa Juan Pablo II cuando dice que el comunismo es abominable pero que el capitalismo salvaje también lo es. Hay hambre en África, cinturones de miseria y ningún sistema ha podido resolver estas injusticias, ni el comunismo, ni el capitalismo, ni la monarquía ni la religión católica.
Lo que no entiendo es por qué el mundo moderno ha planteado la justicia y la libertad como ideas opuestas. Ambas son básicas para garantizar la dignidad humana que es lo que más debería importarnos. ¿No deberían ir de la mano la justicia y la libertad? ¿No son ambas requerimientos básicos del ser humano? ¿Por qué sería aceptable sacrificar una por el bien de la otra?
Yo digo que eso no es aceptable ni tolerable y no se dentro de qué calificación quepa eso, no sé qué adjetivo me merezca. No tolerarlo puede sonar imposible. Pero lo posible o imposible lo inventamos nosotros, por eso, debemos ver que esto no es lo único, que se puede hacer algo, porque la humanidad es todo lo que tenemos, solo nos tenemos los unos a los otros. Me parece que el primer paso es considerar lo que dijo el Che Guevara, “Seamos realistas, exijamos lo imposible”
Para saber qué me estaban diciendo, busqué en el diccionario. Comunista: Relativo al comunismo, partidario de este sistema. Comunismo: Sistema de organización político-social que propaga la abolición de la propiedad privada y el establecimiento de la comunidad de bienes. No sé si esta definición sea tenida en cuenta al calificar a alguien de comunista o si esta palabra haya cobrado un significado nuevo que yo no conocía.
Antes de viajar a Cuba, yo no tenía ni idea de lo que es ese país, de la magnitud de su cultura. La información que uno recibe está filtrada a través de la concepción del mundo de los que se la transmiten.
Han querido que crezcamos con la idea de que el comunismo es el demonio. Por supuesto, está claro que el demonio cambia de cara con el último grito de la moda. Antes, el demonio era comunista, de pelo largo, tal vez usaba una boina negra. El demonio también llegó a ser Escobar o Noriega. Ahora esos ya pasaron de moda, lo último en demonios es más bien árabe, con turbante en la cabeza y todo. Quién sabe si mañana nos despertemos con un demonio de ojos rasgados. También sucede que el demonio cambia de cara de acuerdo al lugar donde uno se encuentre. En La Habana por ejemplo, las pancartas que hay en cada esquina sobre el caso de Posada Carriles nos dicen que el demonio es Bush.
Nos han dicho que los cubanos están mal, que viven en la miseria, que el comunismo es un parásito para las sociedades sanas. Nos han dicho que para los cubanos salir del país es muy difícil porque el gobierno no quiere que vean otras opciones. Eso puede ser cierto pero no nos han dicho que para los ciudadanos americanos es ilegal ir a Cuba, tanto que al que le encuentren entre sus cosas una prueba de haber ido a Cuba, según me contó James, debe pagar diez mil dólares de multa. ¿No es eso también una forma de limitar la libertad? ¿No es una forma de impedir que los americanos se hagan su propia idea de los que es Cuba, que descubran por ellos mismos si en verdad es el infierno? ¿A qué le tienen miedo? En todo caso es cierto que muchos cubanos se quieren ir. Pero también es cierto que aquí en Colombia hay miles de balseros haciendo fila desde temprano en las embajadas de Estados Unidos y España para ver si se escapan ¿de qué? ¿De la falta de oportunidades?
Mi excursión de 11 no fue igual a la de mis compañeros porque yo decidí quedarme unos días más en La Habana para conocerla a fondo. Me quedé en casa de dos cubanas, amigas de una amiga de mi mamá, una de ellas profesora de literatura y su hija estudiante de derecho en La Universidad de La Habana. Haber estado con ellas no solo me mostró qué tan hospitalarias y tan cálidas pueden llegar a ser las personas sino que me dio una noción muy distinta del país, la que se gana estando en las entrañas de la cotidianidad misma de un lugar.
Ante todo, llegué sintiendo una profunda admiración por los cubanos. Me impresionó la vida cultural tan grande que tiene La Habana. Los libros son increíblemente baratos y por eso la gente lee mucho. En La Habana Vieja hay más de 20 museos y la entrada es casi gratis para los cubanos. En cada barrio hay un parque para los niños. Ir a la ópera en el Gran Teatro de La Habana que es tan elegante como el Teatro Colón de Bogotá no cuesta más de medio dólar. Todo el mundo tiene acceso a la cultura. Además la educación es totalmente gratis. Cualquier persona puede inscribirse a una carrera y tiene derecho completarla. No solo eso, también hay programas especiales para personas jubiladas que decidan estudiar otra carrera.
Esto lo aprendí cuando Idania, la dueña de casa, proveniente de una familia rica que lo perdió todo con la Revolución, me decía con lágrimas en los ojos que ella no tenía como pagar la alegría de saber que si ella estuviera enferma sus hijos igual podrían tener educación y salud y que si el hecho de que ella viviera justo con lo necesario contribuía a que otras madres tuvieran esa certeza, ella estaba orgullosa de hacerlo. También me contó que a su papá lo tuvieron 3 meses en coma en un hospital de La Habana. Él no tenía posibilidades de salvarse pero siempre hubo médicos pendientes de él y a ella no le cobraron un centavo ¿cuánto tendría que pagar un colombiano por eso?
Fue enorme la admiración por los cubanos que me produjo ver que han logrado que una isla de 11 millones de habitantes, bloqueada económicamente tenga la posibilidad de garantizar la alimentación, la salud y la educación de todos, por supuesto con limitaciones, viviendo exactamente con lo indispensable. Sin embargo, prueban que si se puede, que hay más de una opción. En cambio aquí, con todos los recursos que tenemos hay mucha gente que está mal de verdad y no tiene satisfechas sus necesidades básicas mientras nuestro gobierno se gasta la mayoría del capital en una guerra en la que la única ganadora es la muerte. Una cosa es tener la suerte de ser privilegiado como la tenemos nosotros y otra cosa muy distinta es ser uno de tantos colombianos que se levanta cada mañana sin estar seguro si va a poder desayunar o no, o uno de esos niños que tiene que trabajar porque no puede conseguir cupo en una escuela, o una de esas tantas personas que se mueren en las puertas de los hospitales porque el seguro no les cubre su enfermedad y como no pueden pagar, los médicos no las atienden. Es verdad: los cubanos no tienen Coca-Cola (aunque producen una gaseosa nacional llamada Tu Kola), no tienen Mc Donalds, no tienen grandes centros comerciales para pasar la tarde vitrineando, tampoco tienen nada que les sobre, tienen que privarse de muchas cosas y su libertad está bastante limitada.
Yo no sé cuál es la fórmula mágica para manejar un Estado pero sí se que los seres humanos tienen que ser la prioridad. Para la tranquilidad de muchas buenas conciencias no soy comunista porque desconfío de cualquier sistema que limite la libertad. Me parece que las personas tienen derecho a elegir el camino de su vida, a trabajar y ganarse privilegios, a mejorar sus condiciones a partir de su esfuerzo, a viajar y conocer otros mundos si así lo desean. Pero desconfío igualmente de los sistemas que no le den prioridad a la gente, que permitan que las personas se mueran de hambre, que no estén en igualdad de condiciones. En todo caso, la falta de oportunidades es otra forma de violentar la libertad porque una persona que no tiene educación ni salud no tiene muchas opciones para decidir qué hacer con su vida a parte de sobrevivir. Para que exista la libertad hay que tener unas garantías básicas, un punto de partida desde el que esa libertad se pueda ejercer. Por eso, tampoco estoy de acuerdo con el capitalismo desbordado porque limita la libertad en esta forma y también permite las injusticias.
Me adhiero al Papa Juan Pablo II cuando dice que el comunismo es abominable pero que el capitalismo salvaje también lo es. Hay hambre en África, cinturones de miseria y ningún sistema ha podido resolver estas injusticias, ni el comunismo, ni el capitalismo, ni la monarquía ni la religión católica.
Lo que no entiendo es por qué el mundo moderno ha planteado la justicia y la libertad como ideas opuestas. Ambas son básicas para garantizar la dignidad humana que es lo que más debería importarnos. ¿No deberían ir de la mano la justicia y la libertad? ¿No son ambas requerimientos básicos del ser humano? ¿Por qué sería aceptable sacrificar una por el bien de la otra?
Yo digo que eso no es aceptable ni tolerable y no se dentro de qué calificación quepa eso, no sé qué adjetivo me merezca. No tolerarlo puede sonar imposible. Pero lo posible o imposible lo inventamos nosotros, por eso, debemos ver que esto no es lo único, que se puede hacer algo, porque la humanidad es todo lo que tenemos, solo nos tenemos los unos a los otros. Me parece que el primer paso es considerar lo que dijo el Che Guevara, “Seamos realistas, exijamos lo imposible”
Saturday, May 12, 2007
Cartas

Las cartas conspiraron para venir a buscarme.
Llegaron de otras tierras
o de tiempos pasados.
Llegaron con sus voces
contando sus historias,
cada una tan distinta y tan mágica,
cada una tan nueva
que en vez de realidad parecía inventada.
Oí las voces nítidas
como si me hablaran mis amigos al oído,
como si en vez de cartas me enviaran un motivo
para seguir caminando,
para soñar cuando nadie sueña
y sobre todo para...
Esperar.
Esperar que el azar permita
que yo vaya a buscarlos
o que ellos me recojan en este rincón del mundo,
en este rincón del olvido,
en este rincón del hastío y del cansancio,
en este rincón donde ni la indiferencia
guarda palabras en los labios.
en este rincón del hastío y del cansancio,
en este rincón donde ni la indiferencia
guarda palabras en los labios.
Sunday, April 08, 2007
Una gota de universo adentro
Me gusta cerrar los ojos
Para liberarme de este cuerpo.
Me gusta dormir un rato
Para apagar mis pensamientos,
Para descansar de mí,
Para confundirme con mis sueños.
A veces me desgasto
Siendo yo todo el tiempo.
A veces me aburren
Las voces en mi mente,
Las voces que no se apagan,
Que siempre están presentes,
Las voces que son gritos o suspiros,
Que no pueden convivir sin estrellarse,
Las que no me dejan oir
Las otras voces,
Las que lo ocupan todo,
Hasta el aire,
Las voces que hablan
De cosas imposibles,
Que me aconsejan en susurros
Hallar algo que no existe,
Que no sé dónde está
Ni dónde buscarlo,
Que no sé ni siquiera
Si valdría la pena encontrarlo.
Algo que no es para mí,
Que no pueden ver mis ojos.
Algo que no está aquí.
Está allá.
Al otro lado.
Donde mis piernas no me pueden llevar,
Donde yo, aunque quisiera,
No podría llegar.
¿Entonces qué pretenden
estas voces?
¿Encerrarme en un laberinto
de ilusiones?
¿Abandonarme dentro de mí misma
cuando no conozco el camino de vuelta,
cuando sé cómo entrar
pero de salir no tengo idea?
A veces me canso de ver el mundo
A través de estos ojos negros.
Quisiera verlo desde otros
Para descubrir otros secretos,
Para soñar otros sueños.
A veces me canso también
De caminar con este par de pies,
De ir a donde me lleven ellos,
Una y otra vez.
A veces quisiera cambiarlos
Para llegar a lugares extraños,
Para caminar a otro ritmo,
Para ocupar otros espacios.
A veces me aburren estas manos
Que hacen siempre lo mismo,
Que escriben los mismos versos,
Que pueden llegar a ser torpes,
Que no encuentran otras manos
Para entrelazar los dedos.
A veces me aburren estos brazos
Que no encuentran a quién abrazar
Y que cuando a algo se quieren aferrar
No son suficientemente fuertes.
A veces me aburren estos labios
Que dicen palabras confusas,
Que no logran ser sabios
Porque dicen mucho
O no dicen nada
Pero les cuesta encontrar
Las palabras adecuadas.
A veces me cansa este pelo
Que refleja el caos
Que tengo adentro,
Que no me deja ocultar
Lo perdida que me encuentro
Pues no sé dónde está mi vida
Me pierdo entre mis sueños.
A veces me cansan estos oídos
Que no oyen lo importante.
Por más que estén atentos,
Hay días que pierden el instante.
A veces me canso de mí,
Después de tanto tiempo
De vivir conmigo.
Entonces cierro los ojos
Y así
Escapo de mi cuerpo,
Logro esconderme
Hasta de lo que pienso,
Logro dejar de ser yo
Y me fundo con el universo.
Justo cuando despierto,
Recuerdo que puedo hacer parte de todo
Si me olvido,
Que de alguna forma el mundo está en mí
Y yo estoy en el mundo,
Que incluso siendo así,
Incluso desde este cuerpo
Que no es bueno ni malo, es,
Yo puedo descubrir tal vez
Que tengo un gota de universo adentro.
No puedo obligarte a quererme
No puedo obligarte a quererme.
No puedo secuestrar a tu almohada
Para que al menos ella me recuerde.
No puedo gritarle a tu ventana
Que me mire cuando te asomes.
No puedo robarme tu mirada
Si ella en otros lugares se pierde.
No puedo amenazar a tus oídos
Para que oigan mis palabras.
No puedo arrancarle a tu boca
Mi nombre,
No puedo arrancarle ni siquiera
La sensación de que me llamas.
No puedo forzar tus manos
Para que tomen las mías.
No puedo forzar tus brazos
Para que me abracen.
No puedo dirigir tus pasos
Para que me sigan .
No puedo robarme tus labios.
No puedo raptar tu sonrisa.
No puedo infliltrarme en tu mente
Y engañarla para que me piense.
No puedo hacer ningún truco
Para lograr que me recuerde.
No puedo entrar a tu corazón,
De noche,
Caminando despacio en las puntas de mis pies,
Deseando que adentro una vez
Me deje quedar un rato
Y así me haga salir después
Yo sepa que al menos entré,
Que al menos lo ví,
Que al menos me acerqué un poco a tí.
No puedo hacerlo, sin embargo,
Porque la puerta está cerrada.
No puedo entrar en tu vida
A mano armada.
Por más que me duela aceptarlo,
Queriéndote yo tanto,
No puedo romper tu ventana.
Debo saber
Que de tanto buscarte
Acabaré por perderme.
Cueste lo que cueste,
Debo tener bien claro
Que no puedo obligarte a quererme.
No puedo obligarte a quererme.
No puedo secuestrar a tu almohada
Para que al menos ella me recuerde.
No puedo gritarle a tu ventana
Que me mire cuando te asomes.
No puedo robarme tu mirada
Si ella en otros lugares se pierde.
No puedo amenazar a tus oídos
Para que oigan mis palabras.
No puedo arrancarle a tu boca
Mi nombre,
No puedo arrancarle ni siquiera
La sensación de que me llamas.
No puedo forzar tus manos
Para que tomen las mías.
No puedo forzar tus brazos
Para que me abracen.
No puedo dirigir tus pasos
Para que me sigan .
No puedo robarme tus labios.
No puedo raptar tu sonrisa.
No puedo infliltrarme en tu mente
Y engañarla para que me piense.
No puedo hacer ningún truco
Para lograr que me recuerde.
No puedo entrar a tu corazón,
De noche,
Caminando despacio en las puntas de mis pies,
Deseando que adentro una vez
Me deje quedar un rato
Y así me haga salir después
Yo sepa que al menos entré,
Que al menos lo ví,
Que al menos me acerqué un poco a tí.
No puedo hacerlo, sin embargo,
Porque la puerta está cerrada.
No puedo entrar en tu vida
A mano armada.
Por más que me duela aceptarlo,
Queriéndote yo tanto,
No puedo romper tu ventana.
Debo saber
Que de tanto buscarte
Acabaré por perderme.
Cueste lo que cueste,
Debo tener bien claro
Que no puedo obligarte a quererme.
Monday, March 19, 2007

Sola con tu hueco
No puedo recordar
en qué pensaba antes de pensarte
ni qué veía mientras caminaba
sola por la calle.
No sé tampoco
qué llenaba mi silencio.
Pues ahora solo tú lo habitas,
pero ¿quién lo ocupaba antes de tí?
A qué me dedicaba
cuando tú no estabas,
en qué gastaba mis horas,
de qué conversaba con mi almohada.
Qué hacía cuando no te traía aquí
de tanto recordarte,
cuando no te sentía así,
cuando no se me iba el tiempo en amarte.
Quién limitaba conmigo.
Quién se difundía con mis fronteras antes.
Quién se hacía parte de mí
por sentirlo siempre, a cada instante.
Quisiera saber qué había
en el vacío que dejaste.
Estaba vacío y yo no sabía
o te abriste tu espacio a codazos
en mi adentro.
Pudo haber sido para ocuparlo
pero fue para dejarlo luego,
para irte
sin que yo pudiera seguirte
y dejar el hueco abierto,
para dejarme aquí pensando
de qué podría llenarlo,
para dejarme sola con tu hueco.
Trato de recordar
qué había en mí cuando tú no existías,
en qué pensaba yo,
qué ocupaba mis días.
Necesito recordarlo.
Recuperarlo.
Pensar en eso.
Hacer eso
a ver si logro estar viva sin tí,
derramar algo en mi cuerpo.
A ver si logro decir por fin
que he llenado tu hueco.

Mañana
Llevo tantos años viviendo mañana
a partir de promesas de ayer.
Llevo tantos años asomada a la ventana
buscando algo que nunca ha venido.
pero siento que va a volver.
Por qué será que existo mañana
así vea mi cuerpo hoy.
Mañana empiezo.
Mañana seguro habrá tiempo.
Mañana seré valiente.
Mañana prometo no caerme.
Mañana sí seré fuerte.
Mañana lograré buscarte
o encontrarme.
Mañana alzaré la frente.
¿Por qué será que mañana acapara mi presente?
Hoy no pude.
No es que no pueda.
Claro que puedo.
Tengo todo el día mañana.
Un día es mucho tiempo:
suficiente para dar un paso
y así, todos los días después de mañana
serán como los he soñado.
Me acuesto hoy con la ilusión de despertar mañana.
Al otro día descubro sorprendida,
justo al abrir los ojos,
que es hoy todavía:
acabo de aplazarme otra vez,
acabo de postergar mi vida otro día.
Sunday, March 18, 2007

Un centímetro después de la piel
Las cosas que se dan,
se conservan para siempre.
Las que se dejan ir
no se van.
Siempre vuelven.
Dar sin esperar es vivir por alguien.
Olvidarse.
Abandonar por un segundo el egoísmo.
Pensar por un instante
que no somos lo único existente,
que hay algo más allá de nuestras fronteras,
de nosotros.
Allá, a lo lejos, está el mundo,
está la vida,
están los otros.
Allá, un centímetro después de la piel,
todo vuelve a nacer,
se desenmascara,
se deja ver como es.
Solo hay que dar un paso
o un salto.
Tomar vacaciones de esta piel.
fusionarse con el cielo azul.
Allá, justo al salir de mí,
estás tú.
Saturday, March 03, 2007
Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas.
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan (no lo saben, lo terrible es que no lo saben), te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de tí mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obseción de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comprar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Un par de alas
Digo una palabra.
Digo otra.
Hablo con el alma.
Cuento una historia.
Vivo de repente.
Simplemente
entre mis poemas y mi gente.
Despierto como si no hubiera dormido,
como si siempre hubiera sido,
como si ciega no hubiera estado,
como si hubiera existido sin haber soñado.
Despierto y nazco de nuevo.
Despierto y descubro mi secreto.
Descubro que vivo para romper el silencio,
que no respiro aire sino versos.
Descubro que yo misma soy un cuento.
Descubro que no existo sino siento.
Despierto, entiendo, reacciono.
Soy un poema.
La realidad se me vuela.
No importa si me desvanezco en un sueño,
si me caigo por mirar al cielo.
Solo importan mis palabras
pues vivo porque escribo.
Escribo y persigo un par de alas.

Preguntas para el azar
¿Será que nos debemos
un duelo de otro tiempo?
¿Será que entre usted y yo
todavía está escondido un secreto?
¿Será que lo ofendí un día
y no me acuerdo?
Dígame, por favor, que le he hecho.
Dígame por qué me pone trampas,
por qué cuando hay cosas
que pueden o no pasar,
a mí me pasan.
Quiero saber qué le debo.
Yo pago lo que sea necesario.
Hago lo que me pida
pero juegue de mi lado de vez en cuando.
Déjeme respirar un poco.
No me siga cuando no lo llamo.
Sería bonito si a veces me ayudara,
contribuyera a alegrar mi día.
Pero si no, yo me conformo
con que no me ataque,
con que no apunte hacia mi vida.
¿Estaría bien azar?
¿Podríamos llegar a un acuerdo de paz?

Leo en voz alta
Leo en voz alta
para matar el silencio,
para sentirme acompañada,
para recordarme que aquí estoy a pesar de todo,
que no me ido,
que soy yo y estoy conmigo.
Leo en voz alta
para no oir mis secretos,
mis angustias,
mis anhelos.
Leo en voz alta sobre todo,
para no oir mis pensamientos,
para no dejarme atormentar por ellos,
para no enloquecerme,
si les creo,
para no dejar que me confundan,
para tranquilizarme,
para que ellos no alimenten
mi rabia ni mi tristeza
para que no me obliguen a hacer algo
de lo que después me arrepienta.
Leo en voz alta
para quedarme sentada,
para no salir corriendo.
Irme.
Aunque no quisiera hacerlo,
leo en voz alta porque es más conveniente,
oir mi voz que oirme.
Sunday, February 25, 2007

De tu talla
Ojalá pudiera moldear mis manos
para que encajaran en las tuyas.
Ojalá pudiera moldear mi cuerpo
para que cupiera entre tus brazos.
Ojalá pudiera yo apurar mis pasos
para darlos a tu ritmo.
Ojalá cambiaran de color mis ojos
y combinaran con tus ojos infinitos.
Ojalá mi pelo se ordenara un poco
para no contaminarte con mi caos
para que no se enredara entre tus manos.
Ojalá fuera mi piel menos morena
para no desentonar con la tuya tanto.
Ojalá pudiera yo escribirte un buen poema.
Ojalá se colaran en tus oídos mis palabras.
Ojalá fueran ellas más fuertes.
Ojalá fueran ellas más sabias.
Ojalá mis palabras a tí se ajustaran.
Ojalá pudiera yo sintonizar
mi alma con la tuya,
vibrar a la misma frecuencia
pertenecer a tu historia.
Pero estas son mis manos,
estos son mis ojos y estos son mis pasos.
Este es mi cuerpo
y mi pelo en caos.
Esta es mi piel morena.
Estas son mis palabras.
Esta, que se desarma por tí,
es mi alma.
Ojalá pudiera yo moldearla.
Ojalá todo mi ser,
se volviera de tu talla.

Tú flotas en mi silencio
Eres como el viento.
Sé que etás aunque no estés.
Sé que vienes y vas.
No te veo pero te siento.
Tú flotas en mi silencio.
Vuelas desde muy lejos.
Me cuentas un secreto.
Después te vas de nuevo.
Pasas por mi cielo como una estrella fugaz.
Te veo por un segundo
y luego ya no estás.
Cierro los ojos para recordarte.
Los abro y te me vas.
Los abro y te me pierdes.
Yo te busco pero tú desapareces.
No me queda sino imaginarte.
Dejar que te difundas en mi mente.
Dejar que vueles libremente,
que rompas el silencio cuando quieras,
o soñar que vengas a visitarme,
soñar que te veo atravesar el aire.
Puede que tú nunca hayas venido,
que yo me haya dedicado a inventarte,
que nunca hayas flotado en mi silencio,
que la causa de todo esto
sea que ya no dejo de pensarte.

Ni santo, ni héroe, ni mártir
Debí haber sido un santo
en otra vida
para merecer tu luz
que me ilumina.
Debí haber sido muy buena
antes
para merecer que cada día
me levantes,
para merecer tu sonrisa
al despertarme.
Debí haber salvado a alguien
para merecer tu voz
cada mañana,
tus brazos que me abrazan,
tus manos que me cuidan,
tu ser que me acompaña,
tus ojos infinitos,
tus palabras sabias.
Debí haber sido un héroe
legendario.
Debí haber cuidado a todo un pueblo
para merecer lo que me cuidas,
la seguridad que irradias,
las historias que me cuentas,
las canciones que me cantas,
las cosas que me enseñas,
la forma en que me abrazas.
Debí haber sido un mártir
para merecer la vida
que me diste
y sobre todo,
la vida que me das,
que renuevas cada vez
que hablas,
que completas cuando me llamas.
Mi suplemento permanente
de vida
es que estés presente.
Cada día que soy tu hija
me hace estar más viva
que el anterior.
Con diez y siete años de tí,
ya no me cabe la vida en el corazón,
ya tengo muchos siglos por delante
y no hago otra cosa que adorarte.
Tú me das vida.
Tú eres mi ángel.
Ni santo, ni héroe, ni mártir,
es suficiente
para merecerte.
No hay nada que pueda haber hecho
para que sea justo
el privilegio de tenerte.
No me queda sino agradecerte
una y mil veces,
recordarte que te amo.
No me queda sino quererte, mamá.

A ritmo de tambores
Tu corazón retumba
a ritmo de tambores.
Todos bailamos
al compás de tus vibraciones.
Tu existencia es música
de fiesta,
de la que transmite
que la vida,
sí vale la pena.
Música espontánea, alegre,
con la que es imposible
quedarse sentado,
música que nos mueve
al mundo de lo soñado.
Sin tu música, Fede,
nos quedamos inmóviles
esperando que esto empiece,
esperando que la casa despierte,
esperando que tú regreses.
Ahora por fin vuelves,
y vuelven tus canciones,
por fin bailaremos
a ritmo de tambores.
Por fin se va este silencio
prolongado
que será reemplazado por tí:
la música que tanto adoramos.
Thursday, February 08, 2007

Un café
Es posible suponer
dónde empieza un café.
Nadie puede saber
dónde termina.
Es posible inventarlo
por su olor,
imaginarse su sabor
dulce y amargo
pero nada se compara
con probarlo.
Nada se compara
con un sorbo de café
entre los labios.
Es posible pensar
tocar la taza con las manos,
recorrerla lentamente
como si fuera un abrazo.
Alargar lo más posible
ese momento mágico.
Lo más difícil de todo,
sin embargo,
es soñar un café
con alguien que quiero y me quiere.
Pensar que empieza aquí.
En esta mesa.
Frente a frente.
Y termina...
Quién sabe.
En un suspiro,
en otro mundo,
en el lado opuesto del abismo.
Este café hay que probarlo.
Reírlo o llorarlo.
Prolongarlo.
Sentirlo atravesar el cuerpo.
Un café con un amigo
hay que conversarlo.
Thursday, February 01, 2007
Este poema es para Federico Díaz-Granados, de cumpleaños. Gracias por tus palabras.
Las palabras se las lleva el viento, dicen.
Hay unas que son tesoros irremplazables.
Entre esas las palabras que se pierden en el aire:
las de la pasión por los detalles.
Están también las de sabiduría:
las palabras que se ensanchan en el tiempo,
que atraviesan lo más hondo del silencio.
Por qué no las palabras de consuelo
que arrancan una sonrisa,
que llevan a emprender el vuelo.
Qué tal las que se arraigan en lo sueños:
las palabras que apuntan hacia el cielo.
Ni hablar de las palabras de lealtad:
las que custodian los secretos,
las que más que sonidos son silencios.
Y también las palabras de consejo:
las que muestran el camino cuando éste se va lejos.
Todas estas son palabras invaluables,
las palabras de un amigo,
las palabras de un maestro.
Estas palabras, Federico, tus palabras,
nunca se las llevará el viento.
Palabras Invaluables
Las palabras se las lleva el viento, dicen.
Hay unas que son tesoros irremplazables.
Entre esas las palabras que se pierden en el aire:
las de la pasión por los detalles.
Están también las de sabiduría:
las palabras que se ensanchan en el tiempo,
que atraviesan lo más hondo del silencio.
Por qué no las palabras de consuelo
que arrancan una sonrisa,
que llevan a emprender el vuelo.
Qué tal las que se arraigan en lo sueños:
las palabras que apuntan hacia el cielo.
Ni hablar de las palabras de lealtad:
las que custodian los secretos,
las que más que sonidos son silencios.
Y también las palabras de consejo:
las que muestran el camino cuando éste se va lejos.
Todas estas son palabras invaluables,
las palabras de un amigo,
las palabras de un maestro.
Estas palabras, Federico, tus palabras,
nunca se las llevará el viento.
Sunday, January 28, 2007
Deja que se lo lleve el viento
Deja que se lo lleve el viento, por favor.
Deja que se lo lleve.
Deja que lo olvide el tiempo, por favor.
Deja que lo olvide.
Deja que se esfume en la memoria, por favor.
Deja que se esfume.
Deja que se agote su recuerdo, por favor.
Deja que se agote.
Deja que se desvanezca lentamente, por favor.
Deja que se desvanezca.
Deja tu amor a merced del viento, por favor.
Déjalo.
Deja que se muera tu ilusión, por favor.
Déjala.
Y si no se muere,
mátala.
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